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Gerardo Hernández
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19 Noviembre 2019 04:05:00
Golpe de Estado
“Los golpes de Estado suelen tener en común que sus autores dicen que buscan defender el orden o ‘la democracia verdadera’. Algo así volvió a suceder (…) en Burundi, con el general Gogefroid Niyombare liderando una asonada ‘por el bien de la nación’ y acusando al presidente Pierre Nkurunziza de ‘una violación flagrante a la Constitución’ por buscar otra reelección tras 10 años en el poder.

“A Niyombare cualquiera le diría que ese es un imposible, que un golpe, una acción violenta de la ruptura de la legalidad, no puede ser ‘por el bien de la nación’”, publicó Abraham Zamorano en BBC Mundo el 17 de mayo de 2015.

El golpe devino en fracaso. Niyombare se rindió y Nkurunziza, un acaudalado ultraconservador en temas sociales, fue reelecto el 24 de julio de 2015 con el 69.1% de los votos. El régimen reprimió a los medios de comunicación que cubrieron la intentona. De acuerdo con un informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF), alrededor de 100 periodistas se exiliaron, y Jean Bigirimana aún se encuentra desaparecido.

El régimen prohibió también las publicaciones independientes y acusó a cuatro reporteros, exiliados en Ruanda, de ser los “autores intelectuales del golpe de Estado”. En la Clasificación Mundial 2019 de la Libertad de Prensa de RSF, Burundi ocupa la posición 159, entre 180 países. Bolivia figura en el lugar 113 y México en el 144.

Evo Morales cometió un error al tratar de reelegirse por cuarta ocasión consecutiva, en contra de la Constitución, y además en un proceso fraudulento. Empero, la intromisión de las Fuerzas Armadas resultó un dislate mayor e inaceptable en cualquier democracia. Máxime cuando el Presidente convocó nuevas elecciones tras el informe de la OEA sobre la jornada del 20 de octubre y las irregularidades del proceso.

Si bien la Presidencia la ocupa interinamente la exsenadora Jeanine Áñez y no un militar, al general Williams Kaliman no le correspondía “sugerir” la de Morales para permitir “la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad”. Para ello existen instancias civiles.

Áñez separó del cargo a Kaliman, pero no podrá gobernar ni resolverá la crisis atizada por el golpe de Estado “cívico, político y policial” incruento apoyado por la OEA. Los más de 20 muertos y los centenares de heridos y desaparecidos son consecuencia de los disturbios poselectorales. Morales ha jugado hasta hoy mejor sus cartas que sus adversarios en Bolivia y en el extranjero.

En su carta al presidente de la Asamblea Legislativa se vacunó contra el caos por venir: “(renuncio) para evitar todos estos violentos sucesos y vuelva la paz social”. El uso indiscriminado del Ejército y la fuerza pública para reprimir a los opositores de Áñez puede aumentar el número de muertos y heridos.

La condena internacional por la violencia del Estado favorece a Morales. Su oferta de regresar a Bolivia “para pacificar y no ser candidato” es plausible, pero igualmente podría ser un ardid, pues si logra lo primero, ¿quién le impediría lo segundo? Áñez y sus aliados están contra la pared.

La salida al conflicto la planteó el mismo expresidente en entrevista a El País: un diálogo nacional con todas las fuerzas política y sociales. Sin embargo, bajo ninguna circunstancia debe volver a postularse para no convertir un golpe de Estado en una dictadura donde el pueblo le sirva de escudo.
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