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hace 6 días
[Saltillo]

María Elena limpió hasta que su cuerpo no pudo más

Relata María Elena Monsiváis cómo el empleo doméstico la dejó enferma

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María Elena limpió hasta que su cuerpo no pudo más
Foto: Zócalo | Staff
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Saltillo, Coah.- El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación considera que “las trabajadoras del hogar han sido históricamente objeto de una discriminación estructural” que las humilla, las usa y luego cuando están enfermas, las desecha. La dura realidad.

María Elena Monsiváis vive en un tejabán de la colonia Morelos, en la periferia oriente de Saltillo. Padece osteoporosis, desviación de columna y hernia de disco después de trabajar 20 años en hogares.

“Vivía en El Mirador y tenía que caminar desde ahí hasta Presidente Cárdenas diariamente para trabajar en tres casas. Era mucho trabajo para mí y a raíz de eso me quedó una hernia de disco y nunca tuve atención médica, a parte tengo osteoporosis, tengo mi columna desviada y hoy no puedo trabajar porque estoy enferma y no me dan empleo”, se lamenta.


“Este sector (laboral) es particularmente invisible y estigmatizado”, asegura el Conapred, y no solamente con palabras, sino también con salarios invisibles que no le pemitirían a ninguna persona salir de su condición de pobreza.

“Me pagaban 70 pesos diarios. Cuando trabajé en una casa donde planchaba tres toneles de ropa me daban 60 pesos y me ocupaban desde las 7 de la mañana y hasta las 7 de la noche”.

“De ese dinero tenía que tomar para mi transporte, llegaba a mi casa y debía comprarle a los niños los materiales para la escuela. Me quedaban 30 pesos para comprar un kilo de huevo, las tortillas y los frijoles”, narra María Elena, a quien desde luego le fue imposible hacer un ahorro para la vejez.


Además de las duras condiciones laborales, la trabajadora doméstica sufrió de violencia intrafamiliar, otro problema social y de salud pública que azota a miles de hogares en la entidad.

“Tuve cuatro hijos y mi esposo me golpeaba mucho, fue una persona muy violenta y alcohólica. Yo tenía que salir a trabajar para llevar de comer a mis hijos”, quienes también sufrieron la discriminación por parte de los patrones de su madre.


“Había trabajos a los que llevaba a mis hijos porque no tenía con quién dejarlos, pero me pedían que se quedaran en el patio, arrinconados como unos perritos, ‘y que no se acerquen, que no pisen y no ensucien’. Sentía muy feo, pero prefería llevármelos a que anduvieran en la calle o solos en la casa”, dice María Elena con los ojos brillosos por las lágrimas acumuladas durante tantos años.



Abusos

Frente a sus hijos, los patrones llegaron a humillarla verbalmente y lanzarle el dinero después de haberles entregado las horas de su día y los mejores años de su vida.

“Tiene que aguantar uno todo tipo de humillaciones por hambre, por llevarles un plato de comida a sus hijos, y cuando uno tiene hambre no hay palabra ni voz para uno.


Cuando me pagaban hasta me aventaban el dinero, me decían ‘ten, y di que te pagué porque está mal hecho lo que hiciste’. Eso es muy injusto porque las personas que trabajamos en casas acabamos enfermas y sin seguro médico ni una pensión”, reclama María Elena mientras se pone las manos en la parte trasera de la cadera cansada y adolorida.

El hijo menor de la protagonista de esta historia está internado en un hospital porque el año pasado sufrió un accidente de motocicleta, le estallaron las vísceras y tuvieron que operarlo en tres ocasiones.

Su segundo esposo, con el que se juntó después de abandonar al golpeador y alcohólico padre de sus hijos, padece angina de pecho y problemas cardiacos.

Las precariedades oprimen y ella no tiene posibilidad de tener un tratamiento para su osteoporosis, solamente compra, cuando puede, medicamente para calmar el dolor durante algunas horas.

“A mis posibilidades voy y compro a la farmacia medicamento para dolor en ampolletas, pero no tengo tratamiento porque no tengo el dinero, esas operaciones –de hernia de disco vertebral– son muy caras”, dice.


Sobre la nueva legislación para los trabajadores domésticos, María Elena les manda un mensaje a los empleados para que exijan sus derechos antes de que los años pasen y no haya más oportunidades para ellos.

“Qué bueno que ya existe esta ley que apoye a las mujeres que trabajan en casas porque es duro y pesado y me da gusto por ellas.

Le digo a las personas que trabajan en casas que exijan sus derechos como empleadas domésticas para que tengan un apoyo y no queden como yo, que no tengo atención médica de nada”, finaliza.

Sin embargo, todavía hace falta un trabajo maratónico por parte de las autoridades y la sociedad para comenzar a visibilizar y hacer respetar los derechos de los empleados de limpieza.









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